Obediencia debida

20 02 2009

Todos aquellos cuerpos abandonados por el suelo le recordaban cuando su madre, maestra de preescolar, extenuada tras un día de trabajo, debía enfrentarse a los cadáveres de los juguetes esparcidos por el aula de los niños más pequeños. No era posible para él abordar la tarea de un modo burdo. Simplemente arrastrar esos cuerpos sin vida hacia la fosa común y cubrirlos con tierra, con cal en el mejor de los casos, no era posible. Al igual que su madre volvía a colocar cada juguete en su repisa, a remendar roturas y recoser botones como ojos a las pobres muñecas de trapo, él se veía en la obligación, dictada por una fuerza interior, de suturar cuerpo a cuerpo, de limpiar caras, torsos, los pies también, con una esponja empapada; revestir a esos pobres con ropas decentes pasadas de moda.

Cada día antes de ir al trabajo se preparaba para ese ritual, pasaba por el convento de las monjitas y recogía sacos repletos de las vestimentas desechadas por las señoras de sus amigos, los mismos que dejaban los cuerpos medio deslabazados y tan sucios tras el juego.

Años después oyó la expresión obediencia debida. Con ella sus colegas, ahora convertidos en maduros oficiales que defendían la nueva constitución renegando de los excesos de la infancia, justificaban la crueldad y el desorden causado en esos cuerpos. Nunca lo comprendió. Esa necesidad de presentarse al mundo con arrepentimiento por las travesuras cometidas cuando eran unos críos y cocinaban verdades jugando con aquellos desgraciados. Al fin y al cabo para él, como para su madre al cerrar la escuela, sólo representaba el necesario preámbulo de un ritual de mucha más enjundia.

Ya jubilado, ante el juez, cuando le preguntaban si también como ellos actuó por mandato sin poder sustraerse a tan atroz tarea, el respondió que nunca, que siempre fue plenamente consciente de lo que estaba haciendo, fue pura educación. Uno no deja jamás los juguetes desordenados y tirados por el suelo.





Aun teniéndolo todo

14 02 2009

aun teniéndolo todo
me falta tu espalda
horadar tu nuca con lengua dorada
darte la vuelta y ver
tus ojos embriagados
tus labios entreabiertos
tu garganta sedienta

aun teniéndolo todo
me falta tu pecho
coronar tus torres, descender sus lomas hasta la marisma
sumergirme y oler
el agua salada
los pliegues alados
tu sol que me llama

aun teniéndolo todo
me falta tu aliento
respirar tu grisú a diez mil pies del suelo
y empezar a correr
no hacia arriba, hacia adentro
a encontrar la explosión
donde espero encontrar bien la muerte o la vida





The hound of the Baskervilles

9 02 2009

Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el
tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.
“Fragmentos para dominar el silencio”,
Alejandra Pizarnik
.

la vieja arrastra su carrito
con la mano izquierda
sin rumbo conocido
repleto de cosas inservibles el destino

con la derecha sostiene
por la página número cincuenta y dos
un ejemplar abierto de the hound of the Baskervilles
como proa de navío
torrente que le arrastra

habla a la nada
atrayendo las miradas de los niños
sorteando la ignorancia de sus padres

queda un largo día por delante hasta que abran el refugio
queda una larga vida que recorrer
en zapatillas de felpa hasta las ocho





Fais mois mal – en recontrant Boris Vian

5 02 2009




Terror

4 02 2009

el terror más profundo
entrever que tu niño va a morir
aún peor
entrever que tu niño va a vivir
y no tienes qué llevarle a la boca