motor de revoluciones

5 04 2009

Habla Lindo de las víctimas de las revoluciones personales, aquellas en las que uno decide dar un giro brusco a su vida en tiempo de hastío o de crisis con la ingenua esperanza de acercarse a un idílico nirvana sin evaluar las obligaciones y sacrificios que conlleva o, más aún, sin vislumbrar las posibles catástrofes con que se pueden encontrar finalmente la cabeza revolucionaria y los que se vean arrastrados.

Otra cosa son las revoluciones que se hacen con un buen respaldo, tanto para defender la retaguardia, permitir la marcha atrás y recordar la aventurilla revolucionaria, como para asegurar el aprovisionamiento de víveres reales o anímicos y del armamento y municiones necesarios para avanzar en la lucha. Algunos hablan entonces de mecenas y artistas, o de la gran mujer u hombre que hay detrás de cada genio, de amor, de confianza plena o de pura generosidad. Ese motor que no se ve pero que empuja a toda máquina, que se ocupa de que funcionen los engranajes y se desatasquen las tuberías. Y que cuando hace falta se convierte retropropulsor o hasta en paracaídas.

No son menos meritorias, sólo están mejor pensadas y cada miembro del equipo cumple su rol. Aunque los laureles los lleve uno en la cabeza y el otro sólo los use para dar sabor a la comida.

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