Hegemonía y performatividad: una introducción para mí mismo.

26 06 2014

Por el mar corren las liebres, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará, por el monte las sardinas, tralará, por el monte las sardinas…

Vaya por delante que no he leído ni discutido lo suficiente de ninguno de los temas en los que me meto en este post. Algo sí, pero ni de lejos lo suficiente. En cierta medida voy a hacer lo mismo que critico cuando personas sin formación científica usan conceptos científicos para montar discursos que no tienen nada que ver con la percepción/”intento de descripción” de la naturaleza. No voy a poner citas, otra cosa que criticaría (mucho) pero el caso es que no pretendo escribir un artículo “serio” y el torbellino que tengo en la cabeza se desharía en el camino con la búsqueda de tantas referencias. Reconociendo todo esto, este post es simplemente un ejercicio en voz alta para ayudarme a mí mismo a poner en orden e ir reflexionando sobre algunas ideas, remezclando pocas propias y muchas de multitud de fuentes. Pues eso, POST:

Olvidemos por un momento el significado antiguo de las palabras. Cuando digo antiguo me refiero a la foto presente, a la primera imagen estática que nos viene a la cabeza. El significado de las palabras va cambiando. Olvidémonos entonces de ese significado actual que ya es antiguo, y mirémoslas a través de todo el recorrido histórico que las ha ido cargando de distintos matices semánticos. Cambiando su significado un poco cada vez que las reproducimos, cada vez que las actuamos -cuando las nombramos y a la vez hacemos algo a lo que nombramos en ese momento con esa palabra-. Primero esbozándolas, luego definiéndolas, más tarde haciéndolas maleables, adaptándolas a las necesidades. Necesidades que pasan por tener un lenguaje común que nos permita entendernos. Pero que también moldean el propio significado de las palabras para “fijar” o “mover” la realidad y la concepción de la realidad.

Hegemonía

La hegemonía es la piedra angular del juego de fuerzas,  de las relaciones de poder, entre los distintos grupos sociales con proyectos de futuro. Entre esos proyectos puede estar tanto darle la vuelta al sistema como dejar las cosas como están. Los proyectos pueden ser más o menos rígidos, más o menos difusos, pero su ejecución siempre es mutante, táctica, ya que conforme avanza debe adaptarse al juego de fuerzas con los proyectos de los otros grupos. El poder hegemónico es el ejercido por el grupo social que posee la representación aceptada de la realidad en un momento dado, el grupo que consigue imbuir su concepción del mundo en los otros sin que estos perciban que renuncian a sus propias particularidades, de manera que controla las formas de relación e instala en el resto de la sociedad lo que conocemos por “sentido común”. Los conceptos comúnmente aceptados de las cosas. Hablando en términos maniqueistas, el poder hegemónico no es de por sí bueno ni malo. Es el que describe la representación y la interpretación de la realidad comúnmente aceptada en cada sociedad. Y de esa manera la normativiza, nos dice lo que tiene que ser y lo que no.

Dado que el poder hegemónico busca a toda costa mantener su posición, a menudo comienza intentando destruir y desacreditar los conceptos introducidos por otros grupos y, si ve que el equilibrio de fuerzas -el statu quo- está en peligro, los va asimilando y disolviendo en su propio discurso, haciéndolos suyos. Claro que es posible que otro grupo le de la vuelta a la tortilla y el poder hegemónico cambie de manos. Cuando esto pasa, no implica que cambie totalmente  el “sentido común”. A veces, a la gattopardiana, cambia todo para que nada cambie, sobre todo en los ámbitos que los grupos que se suceden en la hegemonía consideran como “naturales”. Sería idiota negar que hay cosas naturales, propias de la naturaleza. Al fin y al cabo partimos de la naturaleza, del cuerpo. Pero “lo que se considera natural” es algo que va más allá. Es la verdad, la lista de cosas que no se pueden cambiar de acuerdo al sentido común, algunas porque son naturales y otras porque se asumen como tales. La línea entre las liebres y las sardinas, o lo que pueden y no pueden hacer unas y otras, o qué o quién puede ser una liebre o una sardina.

PerformatividadVer nota abajo.

Esta palabra es un anglicismo, pero aún no he leído ningún texto en castellano en el que se traduzca en uno o dos vocablos. Así, en palabras muy simples, la performatividad es la capacidad del lenguaje, de un enunciado, de realizar la propia acción que declama. Los enunciados performativos crean, actúan, a la vez que describen la acción. El ejemplo clásico (clásico hoy, porque es el que usa la wikipedia) sería la frase “yo prometo… lo que sea”. Es el mismo acto de pronunciar la frase el que la ejecuta, la actúa y hace real el acto de prometer. De hecho, es necesario enunciarla para actuarla y tornarla realidad. Esta capacidad del lenguaje de enunciar y actuar, creando o modificando la realidad, ha hecho que se use la palabra performatividad en otros ámbitos más allá de lo meramente lingüístico.

La propia palabra persona viene de “la máscara del actor” (πρόσωπον), ‘sonar a través de’, la máscara del actor en la tragedia griega que tenía una función acústica, haciendo de caja de resonancia del discurso y proyectándolo hacia la audiencia. Leo en una entrada del instituto Cervantes que un estudioso del siglo XV del vocablo persona dice que «se dize que por sí mesma suena, e sonando de por sí demuestra a sí mesma». La verdad es que siempre estamos performando. Podemos decir que lo que vemos de cualquier ser humano son las acciones que hace, y que actuando se expresa y conforma la realidad del ser humano que el resto percibimos. No me refiero solo a la acción física, también a la acción de hablar, escribir, de comunicarse de cualquier forma. Incluso al pensar, en el autodiálogo que establecemos, nos autorepresentamos y conformamos nuestra realidad del ser-humano-yo. Hacia afuera y hacia adentro, creamos la persona que somos a medida que la actuamos. Pero esta actuación no es un monólogo, ni siquiera un diálogo entre varias personas donde el lenguaje (entendido de la manera más global posible) puede irse adaptando rápidamente. Porque performamos con los mimbres que tenemos, aunque sea para hacer cestos nuevos. Algunas mentes sesudas argumentan que ni si quiera es posible hacer cestos nuevos, como mucho pintarlos un poco.

Estos mimbres para tejer nos los da el poder hegemónico. Así que al ser personas, actuamos/performamos en una suerte de tensión entre un diálogo (inter)personal, intencional y activo intra/entre individuo/s, y otro impersonal, inintencional y normativo, estructural, con lo hegemónico en el que adoptamos un papel pasivo, en el que somos objeto de observación. Dialogamos y nos observamos/somos observados. De la misma manera, al performar existe una tensión entre la reproducción que reafirma el significado normativo de los conceptos y la reproducción que los subvierte y empuja/intenta transgredir sus límites, resignificándolos. Actuamos, reproducimos, resignificamos y… ¿(nos) creamos?

Nota: Ha sido Judith Butler la que ha revolucionado nuestra forma de entender muchas cosas con sus tesis sobre la performatividad, la identidad y el género. pero no voy a abordar el tema género e identidad por ahora. Tengo que estudiar y elaborar mucho más para hacerlo.

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hoy hemos roto la máquina del tiempo

7 06 2014

Me he construido una máquina del tiempo. Por ahora, sólo va hacia delante, y en sincro. Pero es un prototipo, estoy trabajando en ello. — (@kamen) diciembre 16, 2012

hemos decidido jugar a la memoria
sin fichas que voltear, a un memory de cuerpos

jugar a la memoria y construir el futuro

por cada recuerdo levantado
la siguiente persona debe destapar otro
mirar hacia atrás, cubrir a pie descalzo
la huella de la bota que calzaba entonces

mirar hacia atrás y tomar impulso

llevamos las ideas sobresaliendo de nuestros bolsillos
descolgándose un poco, como tirachinas
sin necesidad de rígidas estructuras que las armen

ellos creen que el tiempo está quieto
y aún así nos temen
de lo fuerte y lo lejos que podemos
desplegar nuestras lenguas

saben que nuestras palabras pueden alcanzarles

hoy hemos roto la máquina del tiempo
ya sabemos ir adonde queramos
saltar adelante