Nos ocupamos del mar (Carta a los hombres sobre icebergs, montañas e igualdad)

19 07 2014

Todas las cosas tratamos
cada uno según es nuestro talante.
Yo lo que tiene importancia,
ella todo lo importante.
Nos ocupamos del mar,
de Jorge Krahe y Javier Krahe

Queridos hombres,

es a veces tan difícil hablar con vosotros (entre nosotros), ocupados como estáis con lo que tiene importancia; tan ocupados, que no oís nada cuando se os menciona lo importante. Algo de lo que os quiero contar nos lo cantaron los Krahe cuando escribieron su canción, pero lo hacían un poco con la condescendencia de los buenos compañeros, narrándolo como si esa distribución de la vida, del trabajo, fuera algo natural que corresponde al talante intrínseco de cada persona según sea hombre o mujer. Muchos hemos estado ahí. Muchos siguen estando. La mayoría ni habéis estado. Como cuando se os llena a todos la boca si nombráis a vuestras madres, algo entre lo mítico y lo romántico. O a vuestras compañeras, si se ocupan de la intendencia de los núcleos familiares y/o de la descendencia, aunque ya lo veis menos edulcorado. Así, corriente y ordinario, como que no tiene mucho que contar si no es de pasada.

Como sé que el dinero y la ascensión en nuestro sistema de trabajo suele tener importancia para vosotros (nosotros), empecemos por ahí. Los feminismos, surgidos desde la posición de opresión de las mujeres y construidos por ellas, rebelándose contra el discurso que vendíamos como verdad, nos han tenido que narrar lo que sucede realmente y no lo que siempre hemos dicho nosotros que sucede. Primero, desde la economía feminista de la conciliación (EFC), al estilo de los Krahe, nos llamaron la atención de que había algo al otro lado del espejo, desluciendo algo el brillo plateado en que nos mirábamos ufanos. Vislumbramos un universo de trabajo relacionados con los cuidados, trabajo-reproductivo que le llaman, que estaba ahí.

Ilustración de J. Tenniel para A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, de L. Carroll

Ilustración de J. Tenniel para “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, de L. Carroll

Pero luego, desde la economía feminista de la ruptura (EFR) lo han roto del todo para que podamos ver bien al otro lado, ver que lo que tiene importancia, de lo que hablamos entre nosotros, solo es la punta del abeto. Y que lo importante es lo que realmente mantiene unido y hace andar el mundo, mucho más potente y sólido que lo de arriba, como los cimientos de cualquier casa. El tronco, las ramas y las raíces que se tocan y entrelazan; los cuidados y todo lo relacionado con ellos son lo que nos permite estar aquí: la maternidad, los afectos que nos ayudan a hacernos adultos, la logística de la vida cotidiana en todo nuestro recorrido vital, la atención en la enfermedad, la discapacidad y la vejez, etcétera.

Para que nos entendamos vamos a pintarlo. La EFR utiliza la imagen de un iceberg para representar lo que cuento en el párrafo anterior. Nada de lo que se realiza por encima

El iceberg de la vida (Iceberg de la economía).

El iceberg de la vida (Iceberg de la economía). Gracias a Astrid Ajenjo.

del nivel del mar en el dibujo tiene lugar sin un trabajo al menos por triplicado bajo la superficie. Un trabajo que no se reconoce como tal, que no se cuenta entre lo que tiene importancia y queda invisibilizado en el nuestro discurso (económico, político, artístico…).

A veces discutir del sistema en términos globales nos parece lejano, abstracto. O nos lleva a algunos a decir que, vale, el sistema será así, pero yo no. Usemos otro símil y así nos acercamos a nuestra situación como individuos. Vamos a pintar montañas.

Nuestra individualidad fantasiosa, dependiente, como los picos de las montañas.

Nuestra individualidad fantasiosa, dependiente, como los picos de las montañas.

Cuando nosotros hablamos, solemos gritarnos desde los picos de las montañas. Además, generalmente, solo hablamos de los picos iguales o más altos. El resto de la orografía nos parece menos relevante. Y las raíces de las montañas, que suelen ser de un orden de una 5 a 8 veces más profundo, que son la base de nuestras vidas, ni las vemos.  Son invisibles para nosotros.

Así funcionamos, creando una fantasía de individualidad, de lo que tiene importancia, que da por sentado que lo importante sucede sin más, de una forma mágica. Y sin embargo, esa individualidad es totalmente dependiente de los trabajos de cuidado que nos sostienen. Esos trabajos a los que han sido confinadas (por nosotros) a lo largo de nuestra historia las mujeres, produciendo una desigualdad bestial que hemos naturalizado.

Hoy en día, hay muchos de nosotros que argumentan que la desigualdad ya no existe. No al menos en la mayoría de los países del primer mundo con una legislación que consideramos avanzada. Pero la realidad es que casi lo único que hemos permitido es que algunas mujeres puedan subir a gritar a las cumbres. Y todo ello a costa de sobrecargar sus espaldas a la vez con todo el peso de las raíces de las montañas. O de aliviarlo un poco delegando algunos trabajos de cuidado en otras mujeres. Mujeres que deben descuidar a su entorno afectivo para ocupar, a cambio de un poco de dinero que facilite su subsistencia, el espacio de cuidado que abandonan las personas que gritan desde las cumbres.

Queridos hombres, es a veces tan difícil hablar con vosotros (entre nosotros), que hay que contaros historias de Alicia, de icebergs y de montañas, como a niños pequeños, para haceros vislumbrar lo que siempre os ha sido invisible. No hay igualdad si solo hablamos desde las cumbres. Tenemos que bajar a las raíces de las montañas a pringarnos también allí en igualdad con las mujeres. Tenemos que replantear el mundo de los cuidados junto a ellas. A nivel global y en nuestro entorno cercano. Pensadlo.

Termino esta carta dejándoos algunos textos para que leáis sobre todo esto… y penséis.

Un saludo,

Juan.

PS: Tras la escritura de esta carta, he empezado a leer el último libro sugerido en la lista de lecturas. ¡Altamente recomendable!

Lecturas:

Agenjo, Astrid (2014), Reflexiones feministas sobre la economía y la(s) crisis, disponible en http://goo.gl/qKYsmo

Agenjo, Astrid (2011),  Lecturas de la crisis en clave feminista: una comparación de la literatura en torno a los efectos específicos sobre las mujeres  , “Papeles de Europa”, 22, disponible en http://revistas.ucm.es/index.php/PADE/article/view/37936/36702

Del Olmo, Carolina (2013), ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista. Ed.: Clave Intelectual

Fernández, Eva, (2014), SOStener la vida, asamblear la crianza, disponible en http://www.pikaramagazine.com/2014/04/sostener-la-vida-asamblear-la-crianza/

Hernando, Almudena (2012), La fantasía de la individualidad. Sobre la construcción sociohistórica del sujeto moderno. Ed.: Katz Conocimiento.

León, Carolina (2014), Oh, happy day, disponible en http://blogs.zemos98.org/carolinkfingers/2014/07/17/oh-happy-day/

León, Carolina (2012), Retaguardias (y vanguardias), texto y podcast, en http://blogs.zemos98.org/carolinkfingers/2012/12/01/retaguardias-y-vanguardias-parte-1/

Nanclares, Silvia (2012), todo sobre lo madre/copylove notas, disponible en http://blogs.zemos98.org/entornodeposibilidades/2012/09/05/no-todo-sobre-lo-madrecopylove-notas/

Pérez Orozco, Amaia (2006). “Economía: de icebergs, trabajos e (in)visibilidades”. En Transformaciones del trabajo desde una perspectiva feminista: producción, reproducción, deseo, consumo, Laboratorio Feminista: pp. 233-255. Madrid: Tierra de Nadie.

Pérez Orozco, Amaia (2014). “Subversión feminista de la economía: Apuntes para un debate sobre el conflicto capital-vida.“. Ed. Traficantes de Sueños. Colección: Mapas. Disponible gratuitamente en PDF pero, si podéis, compradlo o al menos donad.