A las barricadas (crónica de un encuentro de hombres feministas en SVQ)

24 08 2015

El 17 de junio pasado tuvo lugar un encuentro de hombres feministas en el CSOA Andanza, espacio liberado por más de un año y en el que se han venido desarrollando actividades sociales, culturales y políticas en el casco histórico norte de Sevilla que fue tristemente desalojado sin previo aviso un mes después. Ese desalojo tiene que ver mucho con lo que se trata en este artículo y se discutió en el encuentro aún sin explicitarlo: lo individual y lo relacional, lo monetizable y lo disfrutable, lo visible y lo oculto, la propiedad/posesión como fantasía de poder independiente y la colectividad/lo común/la colaboración como base de una vida que merezca ser vivida[i].

La convocatoria tuvo su elemento desencadenante en las II Jornadas Anarkofeministas celebradas en enero en Andanza. También se sumó gente que no había asistido a ellas. En las dichas jornadas se había puesto de manifiesto masculinidadesque, dentro de los colectivos, sigue existiendo un problema importante de machismo. A veces de baja intensidad y supuestamente no intencionado, a veces explícito pero al que quien lo practica le quita hierro haciéndolo si cabe más hiriente.

Algunas de las personas participantes en el evento del 17 llevaban mucho tiempo trabajando de forma organizada contra el machismo y la violencia de género u otras opresiones que vertebran el heteropatriarcado, otras menos y en grupos informales; otras tenían un recorrido más solitario, y otras aparecieron simplemente porque se enteraron de la convocatoria y el cuerpo o la conciencia se lo pedía. Pero todas estas personas tenían algo en común: ser identificados como hombres por la sociedad y gozar de los privilegios que el sistema heteropatriarcal les concede por ello.

Durante la organización y ya en el desarrollo del encuentro se suscitó la conveniencia o no de que pudieran participar personas no identificadas como hombres por la sociedad. Prevaleció la decisión de que debía de tratarse de un evento no mixto, básicamente por dos criterios: poder enfrentarnos a los temas que se tratarían de forma cruda y a la vez mostrando la vulnerabilidad que habitualmente ocultan los hombres en espacios más abiertos y, también, la sensación de que un paso importante del trabajo de exposición, análisis y erradicación de los privilegios puede darse mediante una discusión crítica, honesta y reflexiva entre privilegiados.

Paulino Ramos, que coordinó la primera parte del encuentro, hizo una analogía de la pertinencia de un acto no mixto con la reflexión que hacen las personas veganas cuando trabajan sus privilegios y renuncian a ellos, previo reconocimiento de los mismos (salvando las distancias entre ambas problemáticas y los colectivos oprimidos, claro está). En este sentido, parece importante ese espacio de reflexión también para trabajar los privilegios en torno al género.

Por otra parte, fuera del marco del encuentro, algún hombre me ha comentado que un grupo privilegiado nunca va a renunciar a las ventajas que le concede el sistema y, de forma sarcástica y a la vez cariñosa, ha usado el término santo varón queer, como si de “buenos hombres raros” se tratase. No creo que el colectivo vaya de eso en absoluto. Sobre la conveniencia o no de enarbolar la queeridad como bandera cuando pertenecemos al colectivo privilegiado también ha reflexionado Paulino en el artículo “los hombres cansados de serlo” [ii]. En todo caso, no todos eramos veganos, ninguno santo, más de uno incómodo con el traje de varón. Pero que a veces se nos perciba como una Sociedad de Veganos o de Santos Varones (Queer o no Queer) –SVQ-, así como la capacidad de reírnos de nosotros mismos, es parte del proceso de (auto)crítica y transformación que queremos recorrer como conjunto y como individuos.

El encuentro se desarrolló en dos partes. Primero un laboratorio corporal y luego un debate sobre el cometido que se pretendía dar a esta nueva comunidad.

En el laboratorio se trabajaron movimientos en solitario, en grupo; contactos fugaces, intensos. En la fase de reflexión sobre el ejercicio, conversamos sobre sensaciones muy diversas, como distintos eran los cuerpos de los asistentes y distintas las formas en que tenían amuebladas sus cabezas. Conmoción para algunos, más dificultad de conexión para otros. Una sensación común: ganas de continuar más adelante con este trabajo. Los más aguerridos y los flacuchos, los corporalmente expresivos y los golems de piedra recién despertados y somnolientos, los danzarines suaves y los gorilas. Para aquellos que estuvieron presentes, tuvo un impacto muy positivo en el debate posterior.

Durante el descanso previo al debate sobre el origen y el propósito del colectivo, alguno tuvo que marcharse. También llegó alguno más: alguien rezagado, otro que quizás pensó que no se habría sentido cómodo con el ejercicio corporal cuando vio la ilustración del cartel de la convocatoria. En cualquier caso, tan representativos del amplio espectro de personas con privilegios por ser etiquetadas hombres[iii] como cualquiera de los que ya estaban allí.

En la charla fueron saliendo multitud de temas, personales y generales, historias de vida y posicionamientos sobre la política de la vida. Antonio Moreno, que ejerció de dinamizador, supo dar voz a todos y sacar, a través de diversos ejercicios de reflexión, escritura y mapeo cruzado de ideas, una enunciación consensuada del objetivo que buscará esta comunidad

Como muchos enunciados consensuados, se dejaron fuera flecos con los que habrá que encontrar conexiones para que puedan ser articulados desde el grupo. Lo recupero de la memoria, con ayuda de Antonio, ya que solo fue expresado oralmente y quedó escrito en el momento:

“Ha nacido un grupo para la lucha contra el patriarcado, la abolición de los privilegios del machismo y la deconstrucción de género; un grupo concebido como una escuela para deseducar/nos desde el amor, entendido como afecto, empatía, cariño y con una lógica de cuidados donde impera el respeto, la reflexión y el diálogo de cara a la transformación personal y social, visibilizando, comunicando y actuando en común sobre los diferentes aspectos relacionados con la igualdad.”

Como muchos enunciados constituyentes de nuevos colectivos, la redacción puede parecer algo naíf. O muy naíf. Sin embargo es quizá en está ingenuidad y candidez, en los términos utilizados, en la que resida la potencia para, por un lado, acompañar y apoyar a los colectivos de mujeres feministas de la ciudad y, por otro, intentar acometer un trabajo de fondo hacia adentro y de acción hacia afuera con las personas identificadas como hombres por la sociedad.

Entre otras acciones se mencionaron: la necesidad de dirigirnos y hablar con los jóvenes, en los espacios liberados y en los institutos; de abordar las diversidades de todo tipo y expandir nuestro ejercicio de aprendizaje, entre muchas otras posibilidades pidiendo colaboración y siendo receptivos a las sugerencias/contribuciones de los colectivos de mujeres feministas de nuestro entorno, o pidiendo aportes a los hombres trans, con los que algunos pensamos que puede surgir una conversación/alianza fructífero en este camino que el grupo comienza a dar en conjunto.

Una llamada, pues, a subir a las barricadas no para bramar como machitos políticos, sino para mirar hacia adentro, cuestionarnos y replantearnos en lo personal y en lo colectivo, en el fondo y en las formas; y para mirar hacia afuera y actuar con/interpelar a otros hombres (especialmente con los jóvenes).

[i] Una lista de referencia para la lectura:

[ii] Ramos, Paulino (2015) Los hombres cansados de serlo.https://limitrosfera.wordpress.com/2015/06/21/los-hombres-cansados-de-serlo/

[iii] Cuando me refiero en el texto al etiquetado o identificación como hombres por la sociedad, no quiero dar una visión victimista de estos individuos como sufrientes pasivos de un rol impuesto, sino como poseedores de un conjunto de privilegios con que la sociedad les equipa. No cabe duda de que existe una negociación con el sistema, que les exige ciertas contraprestaciones para colocarlos en la categoría hombre. Un acuerdo que es construido a lo largo de la formación del individuo y aceptado de facto casi siempre y casi en su totalidad, precisamente por los privilegios que conlleva. Se requiere pues un trabajo de autoanálisis y reeducación para abordar el tema en los individuos ya formados. Y un trabajo de contraprogramación de las presiones del sistema en el caso de los individuos en proceso de formación.

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